María Pablos, Matrona de Atención Primaria, mamá y colaboradora de Maire Lactancia

Mi nombre es María Pablos, en 2002 comencé los estudios de enfermería, no puedo decir que fuera  vocacional desde siempre, pero a medida que iba aprendiendo la profesión me iba gustando más el arte de cuidar, que esa es la esencia de la enfermería.

Durante el segundo curso hice una rotación por paritorio y me encantó el mundo del parteo; me propuse seguir estudiando y especializarme en Ginecología y Obstetricia, era mi sueño, quería ser matrona.

En 2008 aprobé las oposiciones y empecé la residencia en el Hospital Materno de Badajoz. Desde el principio me encantó la profesión y durante los dos años de formación descubrí que la función de la matrona no se limitaba solo al mundo del paritorio y el arte de partear. Descubrí la importancia de la lactancia materna, sus beneficios, tanto maternos como  para el bebé, muchos más de los que hubiera imaginado o hasta entonces sabía. Mi madre no  me dio pecho porque tenía “agüilla” y hasta entonces lo creí así. Leí  libros, artículos,  asistí a charlas y ponencias, quería ser una experta en lactancia. También descubrí  el papel tan importante de la matrona para promover, educar e informar de los beneficios de la lactancia. Decidí que cuando fuera madre daría el pecho a mi hijo, quería vivir en primera persona esa sensación tan placentera que te cuentan las madres cuando amamantan.

Actualmente trabajo como matrona en Atención Primaria, y una de mis funciones, además de control del embarazo, es promover la lactancia en las clases de educación maternal.

He vivido y crecido con la cultura del biberón, apenas vi a alguna mamá dar el pecho, era algo raro en mi mundo, incluso por la televisión anunciaban las leches artificiales desde el primer día de vida del bebé, sus beneficios y cualidades. Hasta que comencé los estudios de Matrona pensaba que en realidad había mujeres que no tenían buena leche o simplemente no tenían; e incluso que las leches de fórmula eran mejores que la leche materna.

El 3 de junio nació mi hija, un parto natural y muy rápido, sabía que las dos primeras horas de vida era muy importante que se pusiera al pecho para garantizar la lactancia en un futuro. Así lo hice, estuvimos solas ella y yo, piel con piel, y se agarró muy bien. Fue una sensación rara, porque a pesar del buen agarre y la colocación de su boca, me molestaba un poco la succión, e incluso tuve grietas que duraron pocos días.

El primer mes estuvo enganchada casi todo el día, y tuve que escuchar los “consejos” de familiares y amigos de dar un biberón, ya que no era normal que estuviera enganchada a todas horas, mi leche no le “saciaba”. Gracias a mi maternidad he aprendido que la teta es mucho más que el alimento, en ella mi hija se siente segura, tranquila, feliz, satisfecha de estar al lado de la persona que más conoce: su madre. He tenido todas las dudas que le puede surgir a cualquier otra madre, pero mi convicción, el saber sus beneficios, sus cualidades, sus efectos a largo plazo, etc. han hecho que no me planteara abandonarla.

El hecho de ser madre ha hecho darme cuenta de que en una sola  clase de educación maternal, no se puede informar y asesorar a una mujer para promover la lactancia; porque a pesar de lo que sabía y lo segura que estaba de mi misma, la revolución hormonal posparto, el cansancio y el que mi hija estuviera enganchada a todas horas, hacia que pensara que algo no iba bien y aquí es donde juegan un papel importantísimo los GALM.

Con casi 4 meses que tiene ya mi hija puedo decir que la lactancia es mucho más que la teoría que lees y que hasta que no se vive en primera persona no se sabe lo que realmente es, pero después de 4 meses de lactancia exclusiva y haberlo pasado un poco regular, ya que  mi hija es muy demandante, me siento orgullosa de haber llegado hasta aquí.

Me he sentido muy apoyada por Maire, en sus reuniones te sientes muy identificada y el estar entre un grupo de iguales ayuda mucho en esta etapa tan bonita pero a la vez tan dura que es la maternidad.