Lactancia materna diferida; mi leche es para ti

Sonia nos cuenta cómo la “lactancia diferida” la ayudó a amamantar a su segundo bebé

Cuando habitabas mi panza, disfruté preparando mi madriguera para recibirte y parirte en casa. Grandioso regalo y experiencia vital. Días antes saludaban nubes oscuras que portaban agua, yo las recibí y las acepté. Después pedí al cielo que el sol hiciera el milagro del arcoíris que tanto me inspira. Y así fue.

Cuando habitabas mi panza te cantaba al son de Rosa Zaragoza que había leche para ti, y que tu hermano poco a poco iba entendiendo que la teta iba a ser compartida. Tranquila amor mío, mi leche es para ti. Cuando habitabas mi panza, hablaba con papá sobre cómo sería tu boquita. Admitía lo enamorada que estaba de la maternidad en todas sus manifestaciones. Cuando habitabas mi panza, pensaba confiada que el comienzo de la lactancia contigo estaría exenta de problemas, entre otras cosas, porque eran ya tres años de experiencia con Hugo, con esos inicios de grietas y mastitis. Y los mismos años acompañando a otras mamás, papás y bebés en el grupo de apoyo a la lactancia materna “Maire”.

Cuando habitabas mi panza, contaba las lunas cada mes. A ti te sentía serena, fuerte y con un halo de colores haciendo honor a tu bello nombre. Gracias Iris.

Cuando habitabas mi panza, papá te acariciaba con cada palabra de amor que me dedicaba. Tu hermano te explicaba cómo era nuestra cama y que ya te había reservado un huequecito. Cuando habitabas mi panza, mi doula también me cuidaba. Siempre estuve acompañada de mujeres sabias que alimentaban mi paz y mi alegría. Curaban mis heriditas y masajeaban mi cuerpo con hechizos de luna y polvo de estrellas. Ellas saben quiénes son y lo mucho que las amo. A todas ellas, gracias.

Foto maire ok

Tu nacimiento y mi parto volvieron a transformar mi Ser. Nido salvaje. Romper y crear a la vez, dolor y placer en la misma contracción, frío y calor, silencio y grito, ardor, vacío… Y amor, mucho amor. Salir de ti y de mí, para volver a entrar otra vez, pero más pura, más llena, más sana, más entera… Puro instinto mamífero. Ahora habitas mis brazos.

Clavamos los ojos la una en la otra. Aún unidas por el cordón de vida, se para el tiempo, solo estamos tú y yo. Te huelo, te beso, te miro, te siento y vuelvo a olerte. Tenías prisa por encontrar mi leche y saciarte más. Ahora habitas mi pecho izquierdo. La madrugada nos dejó dormir a los cuatro. Las matronas besaron mi frente y cerraron despacio la puerta de nuestro hogar. Hasta mañana.

Amanece y seguimos juntas. Pero duermes y no mamas. Pasan las primeras 48 horas y no sé si realmente va todo bien. Dudo, lloro, me pierdo, me retuerzo, te miro, conecto, te amo, vuelvo a olerte y me encuentro.

Sigo acompañada de mujeres que calientan la casa, mi alma y mi estómago, pero sigo dudando. No mamas y te noto apagada. Ahora tu color te delata amor mío. Tu tono amarillea demasiado y mis pechos llenos de leche piden ayuda para evitar obstrucciones. El tándem es la solución porque tu hermano los vacía y alivia el dolor. Pero mi intuición vuelve a hablar y sé que algo no va bien.

Hija, te pido perdón, no lo vi antes porque confiaba en que esta vez no habría problemas para amamantar a mi cría. No lo vi y lloré. No comías porque tu boquita chiquita no podía con mis pezones grandes. A pesar de que naciste con más de cuatro kilos, no tenías fuerza para agarrar correctamente el pezón. Así pasaste tres días, aún no habías expulsado todo el meconio y tu cuerpito seguía más amarillo. Es decir, no te estabas alimentando bien y la ictericia iba en aumento. Ahora habitas mi toda mi vida.

Con ayuda, limpié mis lágrimas de miedo y las siguientes fueron a parar al mar del puerperio. Afrontamos el problema; tu salud estaba en peligro. Noches y días sin dormir, piel con piel, rayos de sol, asesoramiento, calditos de la abuela, abrazos de papá, y sonrisas de Hugo.

A grandes males, grandes remedios, hicimos lactancia diferida. No dudé ni un instante, no pensé en si me saldría leche o no, solo desempolvé el sacaleches y me reconcilié con él. Tenía que sacarme la leche para dártela a cada hora y remontar el peso que habías perdido.

foto maire 2Comenzamos al sexto día con lactancia diferida, aunque jamás te separé de la teta. Durante un largo mes y medio no hubo otra opción. Tomabas de un pecho y con el sacaleche me sacaba del otro, luego te dábamos mi leche con cuchara, jeringuilla y finalmente con biberón. Y al poco tiempo repetíamos la acción cambiando de pecho. Cuando habitabas mi panza, esto no estaba en mis pensamientos, pero haber experimentado la lactancia deferida me ha ayudado a valorar aún más, los pequeños y los grandes detalles de la lactancia materna.

A las seis semanas, una madrugada bajo la lámpara de sal, me miras con esos ojos de mora y sé que estabas preparada para hacer una toma completa de mis pechos. Día a día fuiste mamando cada vez más, tu boquita había crecido y yo te ponía a la teta confiando en ti y en mí. Así, volví a guardar el sacaleche. Ahora tu succión es perfecta, te nutres de leche y amor a demanda. Cuánto os quiero.

Hija mía, aprendimos juntas. Nos sumamos al lema que este año brinda la Semana Mundial de la Lactancia Materna: un triunfo para toda la vida.

En ningún momento pensé contigo en el final de la lactancia  materna,  pero reconozco humildemente que, a veces, las mamás encontramos dificultades que sin una red de apoyo pueden acabar con todo. Lo fácil hubiera sido creer en los mitos y comprar leche artificial para mi niña, pero elegí lo mejor para ella y para mí. En casos como el mío y en otros donde las madres encuentran problemas al lactar, el asesoramiento adecuado y el acompañamiento psicoafectivo son fundamentales. De ahí la importancia tanto de un grupo de apoyo a la lactancia materna, como de una correcta formación en la materia por parte de todos y todas las profesionales de la salud.

De corazón digo enhorabuena a todas las mamás que disfrutan desde el principio con sus bebés de una lactancia placentera. También enhorabuena y mucho amor para las madres, los padres y sus bebés que se encuentran piedras en el camino y aun así continúan disfrutando de este maravilloso regalo mamífero y natural.

Gracias Sonia, por dejarnos aprender de tu segunda experiencia con la lactancia materna 

2 thoughts on “Lactancia materna diferida; mi leche es para ti

  1. Vaya entrada. Emocionada al máximo desde el principio. Y detrás de toda tu hermosa historia, leo entre líneas un sabio mensaje universal: siempre tenemos algo que aprender. Tu aprendizaje le ayudará ahora a muchas otras madres. Tú fuiste la elegida para aprender algo y enseñarlo a las demás. Enhorabuena por tu parto y tu lactancia. ☺

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