La historia de una lactancia muy deseada

yo.Llegaste un 20 de Enero a las 16:30h, en ese instante terminó esa larga espera que viví deseándote tener durante años, sentimientos quedaban atrás, no había sido fácil, impotencia al querer ser madre y no conseguirlo, lucha, tristeza, vacío, miedo… al mirarte por primera vez todo ello daba paso a algo indescriptible, teniéndote por fin en brazos, difícilmente puedo nombrar lo que sentí, podría decir que felicidad, tranquilidad, plenitud… algo mucho más inmenso de lo que esperaba, un amor tan grande del que no era consciente cuando estabas segundos antes dentro de mi panza, no sabía que se podía querer tanto…

Años atrás me había preparado mucho para criarte, sabía que cuando por fin fuese madre, el lugar de mi hijo sería mi regazo, qué mejor sitio que los brazos de unos padres para un bebé que acaba de llegar al mundo. Nadie mejor que tú sabrías cuándo estarías preparado para caminar, para comer, para dormir, respetaría tu ritmo, y te criaríamos con todo nuestro amor. Sabía que tu mejor alimento era el que la propia naturaleza había creado exclusivamente para ti, sabía que debía dejarme guiar por mi instinto, y que la lactancia materna era algo que con información, seguridad y el apoyo que sabía iba a encontrar en tu padre , sería algo que no debería dar problemas; pero en eso me equivocaba, a veces las cosas naturales no son fáciles, pero tenía claro lo que quería, y sabía por experiencia, que a veces toca luchar un poco más de lo esperado por lo que se quiere, aunque esta vez te tenía ya a ti para animarme aún más a luchar por ello.

Aquí va la historia de nuestra lactancia, que esperamos sirva de ayuda a otras madres, que a pesar de las dificultades, necesiten un “empujoncito” para poder vivir y regalar la experiencia de la lactancia materna a sus bebés, y cómo no, a ellas mismas, porque como dice el pediatra Carlos González, es “Un Regalo para toda la Vida”, pero no solo para los niños, si no también para sus madres.

Mi parto no fue el deseado, por circunstancias personales finalmente acabé aceptando que sería una cesárea programada, los últimos días de la espera fueron muy muy duros, tenía mucho miedo y ansiedad por no saber cómo iría todo, peryodóname mi pequeño por no ser capaz de disfrutar como merecías de sentirte en mi panza todo lo que yo hubiese deseado, no dejabas de moverte, aunque afortunadamente ahora recuerdo aquella sensación como una de las más maravillosas cosas que he experimentado en mi vida, la vida misma dentro de mi, una pena que los temores me impidiesen disfrutar de algo tan grande…

Llegado el momento de tu nacimiento, todo sucedió muy rápido, y pronto te tuve en  mis brazos, no puedo quejarme de cómo me trataron, porque estaba rodeada en su mayoría de personas que con cariño me acompañaron en ese momento, tu padre fue la ausencia más grande, me hubiera encantado compartir ese momento con él… Una pena que no se permita la entrada de alguien tan importante en un nacimiento de un hijo por cesárea, y más sin ser de urgencia. Pude tenerte en mis brazos minutos después de nacer, y en media hora como mucho estar juntos para no separarnos más.

Recuerdo esos primeros momentos a tu lado en la habitación del hospital, en los que sólo existías tú y tu padre, ese gran acompañante, que a pesar de haber vivido una espera dura a mi lado, ahí estaba, feliz, amándote tanto como yo, y apoyándome en todo momento para que a partir de ese instante todo fuese lo mejor posible, como siempre…

Los inicios de nuestra lactancia no fueron tan fáciles, a pesar de tener claro lo que quería y contar con la información y el apoyo de mi entorno, me faltó el apoyo del personal de la planta del hospital para que nuestra lactancia comenzase con buen bien. Desde pocas horas después de nacer, ya nos preguntaron que si íbamos a querer biberones hasta que me subiera la leche, a lo que dijimos que NO, pero al llegar la noche, nos lo trajeron a la habitación “por si acaso”,  allí se quedó

te enganchaste al pecho sin problema aparente, pero en el cambio de turno de las 12, ya se acercaron a comprobar tus niveles de glucemia, decían que eras un bebé grande, 4,200 kg y que no querían estar con urgencias durante la noche por una posible hipoglucemia, recuerdo que la tenías en 30 y algo, y nos metieron MIEDO, terrible arma con unos padres primerizos

Intentamos ofrecerte el biberón, pero no lo querías, tú preferías el pecho, como siempre has hecho, así que lo que hice fue que mientras mamabas dejaba caer gotas de leche para que las chupases y al menos tener la tranquilidad de que habías comido algo. Al día siguiente tenías la glucemia ya normal.

estomago de un bebéAhora sé que el estómago de un bebé recién nacido es apenas del tamaño de una cereza, y al tercer día de una nuez, por lo que con el calostro es más que suficiente.

También sé que la leche no tarda en subir más tiempo si te hacen una cesárea, que la subida de la leche no depende del tipo de parto, si no de la salida de la placenta, además mi experiencia me hizo aprender que poniéndome al pecho mucho tiempo al bebé es lo mejor para que llegue pronto la leche, de hecho recuerdo que al tercer día aproximadamente vomitaste y me sorprendió ver toda la cantidad de leche que habías tomado.

No separarme de ti  esos primeros días es lo mejor para favorecer la lactancia, de hecho creo que esas cunitas en los hospitales son innecesarias, yo descansaba mucho mejor contigo encima, estaba mucho más tranquila, de hecho podrían haberse llevado la cuna, porque sólo la utilizamos para meter cosas dentro, dónde mejor estabas era conmigo o con tu papá.

Frases que escuchamos en el hospital, de boca de un pediatra, como “con ponerte al niño 10 minutos en cada pecho cada 3 horas es suficiente para que te suba la leche, si lo tienes todo el rato cómo estás haciendo al final te saldrán grietas como a muchas otras madres y dejarás la lactancia…” no ayudan en absoluto a una madre que quiere dar el pecho, más bien todo lo contrario, menos mal que no hice ni caso! Y sí, me salieron grietas, pero no por tenerte mucho tiempo al pecho. Precisamente lo que se carga una lactancia en muchas ocasiones son los “consejos” desafortunados como esos.

Naciste un lunes, y el viernes estábamos en casa, ese fin de semana comencé a sentir muchísimo dolor en el pecho, y estaba muy inflamado con fiebre hasta de 39, aunque he de reconocer que cuando mamabas me dolía mucho desde el primer momento, y una lactancia nunca debe doler, si duele es que algo no va bien, en nuestro caso la postura no era correcta, y tardamos un tiempo en conseguir corregirla, la cesárea no ayudaba, y en mi caso el usar un cojín de lactancia me ayudó mucho a mejorar la posición sin que me molestara la herida.

Me decidí a llamar a Maire Lactancia, ya conocía la asociación desde hacía tiempo, y no quise dejar de pedir ayuda antes de tener problemas más grandes, ellas me ayudaron muchísimo, tenía una ingurgitación mamaría, y con unos sencillos consejos en un par de días estuvo superada, además miraron la postura, y vieron que hacías casquidos al mamar, aunque a esto último no le hemos encontrado nunca solución, porque con un año y sigues haciéndolo! Pero bueno, no ha interferido en nuestra lactancia, así que lo hemos dejado así.

Pasaron los días, mis grietas aumentaban, sobre todo en el pecho derecho, recuerdo la semana siguiente de tú nacer con mucho malestar físico, muchos dolores derivados seguramente de la cesárea, que se unían al dolor al darte el pecho por las grietas. Lo dejaba pasar, y aguantaba, te miraba y sacaba fuerzas al verte para seguir, estaba feliz por tenerte, eras la mejor forma de tener ánimo para surelato lactanciaperarlo, y tu padre me animaba a seguir intentándolo. Pero al final tomé la decisión de sacarme la leche de ese pecho hasta que curarse la grieta, no podía más, sobre todo el dolor por las noches era insoportable, me decía la gente que había que aguantar, y seguir corrigiendo posición, que se curaría sola, pero no me veía capaz, tu padre puede dar fe del dolor que tenía en ese pecho al darte de mamar. Te alimentabas de un solo pecho, y del otro extraía leche, que a veces te ofrecía y otras no, porque no querías, de hecho cogías mucho peso y era suficiente con lo que mamabas de uno sólo. Tuve varios intentos de darte de nuevo del pecho de las grietas, en los que volvían a salirme y volvíamos a empezar… de hecho llegué a tener un pecho, del que te alimentabas, enorme, y el otro me bajó muchísimo la producción, porque aunque me sacaba leche, la estimulación no es la misma. En esos momentos comprendía a muchas madres que dejan la lactancia, porque para algunas no es un camino de rosas, hay que tener mucha paciencia y alguien que te apoye al lado, además de encontrar dónde está el problema para buscar la solución correcta, y ahí está presente la labor de los grupos de apoyo a la lactancia, además tener muy claro que se quiere dar el pecho, para superar las dificultades de ciertos momentos y no acabar tirando la toalla.

Finalmente, y coincidiendo con lo que muchas mamás cuentan a veces en las reuniones del grupo de apoyo, todo empezó a mejorar, no sé que día, ni de que manera, supongo que a partir del mes, o mes y medio, empezaste a mamar de ese pecho, la grieta se curó, ya no me dolía, y todo iba sobre ruedas, y hasta el día de hoy.

Banco de lecheMe hice una experta es extraer leche, y eso me hizo plantearme hacerme donante del Banco de leche materna de Extremadura es muy sencillo hacerse donante, solo se debe acercar una a su hospital de referencia, en el caso de Badajoz es al Materno, al Banco de Sangre, te hacen una analítica y una entrevista sobre los hábitos de alimentación y sobre salud, y cuando tienen los resultados en pocos días te envían los botes para guardar la leche extraída y si lo necesitas un sacaleches. Vas congelando la leche en sus botes con la etiqueta, y cuando tengas almacenados los acercas al Banco de Sangre sin romper la cadena de frío. Es algo que en mi caso no me cuesta trabajo, y supone una gran ayuda para los bebés ingresados, sobre todo los prematuros.

Para hacerse donante es imprescindible hacerlo cuando llevas menos de 6 meses dando el pecho, pero después de 6 meses puedes seguir siendo donante, ya que en mi caso llevamos un año y seguimos ayudando.

Esta es nuestra historia de lactancia hasta día de hoy, que a pesar de los baches del principio, no hemos tenido ninguno significativo más, el resto del tiempo, ha sido y sigue siendo una experiencia única para ambos, que se prolongará el tiempo que sea necesario siempre que siga siendo algo gratificante para los dos, porque la leche materna no es sólo alimento, es muchísimo más, es tu consuelo, tu rinconcito para relajarte, si estás malito, si tienes sueño…

Aquí ya no importan los tiempos, las tomas, las horas que pasas sin mamar, solo importa que somos felices tomando y dando teta… y ya está, merece la pena.

 Seguridad, información, apoyo, porque todo problema, tiene una solución…

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